Creo que todos recuerdan a este personaje. Toda una institución dentro de las oficinas nacionales y ahora extranjeras. Aunque a lo mejor nunca lo han visto, pero saben que este es el símbolo del carrete a mitad de semana, aquel que llegaba tapado de serpentina y challa a la oficina, con un tufazo a copete de padre y señor mío después de haberse tomado hasta la presión, el que llegaba más tarde que pasajero del transantiago por culpa de algún “imprevisto” en el camino, el que mataba un familiar cada vez que se debía ausentar por culpa de la juerga del viernes chico (algunos matan como 6 abuelas al año), de ese que celebra hasta porque que salió el sol, que siempre encuentra una razón para hacer una fiesta, aquel que pone de buen humor a la gente con sus tallas medio ebrias, etc. Son muchos los ejemplos para graficar a este tipo de personajes laborales que siempre aparecen como callampas después de la lluvia, que difícilmente se extinguirán, porque la oficina es chica pero la sed es grande y porque siempre sobreviven, porque tienen suerte, o por “gracia divina” como diría el más cristiano de los borrachos porque nunca pasa a mayores la fallita.Toda esta cruda realidad es la que estoy viviendo hoy. Ayer participé de una tomatera sin tomates con mis compipas de estadía. Consumimos nafta (para “rioplatenciar” la frase) de manera indiscriminada y sin medir las consecuencias. Es terrible, aún más estando en una oficina. Tengo la peor cara del mundo, después de Kalule, claro, y nadie se me acerca por la fuerza de mi “cosmos” o mi “ki” (en volá otaku)… por irradiar ese tufazo del cual hablaba anteriormente que es más fuerte que el amor de madre. La cabeza la tengo hecha pico y los ojos más chicos que Juanito La Rivera (el que animaba el festival del huaso de Olmué pa los que no lo caxan). Con suerte respiro, ya que fume más que Don Miguel en su adolescencia y las piernas me duelen demasiado por ese maldito acido láctico que insiste en recordarme lo que hice anoche. La maldita Coca-Cola me da una suerte de “nostalgia”, para decirlo de forma más elegante, porque siento ese olor y vomito, y no quiero vomitar porque o sino para que tomar?…eso es como perder la “inversión”…me captan el concepto. No recuerdo la hora en que aterrice en mi cama y creo que me faltan algunas diapositivas para recordar todo lo sucedido. En estos momentos mastico un chicle con la finalidad de disimular mi tufo de búfalo pasado a caña de azúcar, además que he comido como Kirby, Gokú, Pacman y el Chavo juntos porque al parecer mi pana aún no asimila la catástrofe hepática de anoche. Ando más lento que un bolero, reacciono tarde a los estímulos y me cuesta bastante escribir con el teclado, semepegan lasletras, y confundo algunas otras. De verdad que estoy al borde de jurar no volver a hacerlo, pero para que le voy a mentir a la verdad, como diría Arjona en alguna canción media copiada a otra de él mismo, si en volá de doko pasado mañana repetimos la dosis. Si el que nace chicharra muere cantando, aunque sea a los 25 años, pero muere cantando!! Así que en volá de Edmundo me tomo unas pastillas para aliviar esta zombeca que se me parte en mil pedazos, pero la vocación de buen bebedor no se deja jamás. Además el que quiera decir que tengo problemas con el copete, eso es mentira. De hecho nos llevamos muy bien y como dice el sabio adagio “es preferible ser borracho conocido que alcohólico anónimo”.
Salud!!!

1 Comentaciones:
jajaja... como diria el kike: "ke weon mas weon"...
aguante compañero... seguramente no es ni la primera ni la ultima ves en ke se caerá al frasco en un dia de semana... para eso existe un remedio infalible, conocido por el bajo pueblo como "componer la caña"; consiste, como usted muy bienj sabra, en tomarse una lata de cerveza al otro dia en la mañana, y si es con limon mejor, pues aporta vitamina c...
ya cretino, nos tamos viendolos... sigue con este espacio... saludos a la andrea, xau
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